Dibujante, pintor, arquitecto y profesor, Miquel Pescador estudió arquitectura en Barcelona, su ciudad natal. Dentro del lenguaje pictórico figurativo, su obra ha sido seleccionada en diversos premios y certámenes internacionales y nacionales, entre ellos, Nordart 2016, Feria Internacional de Arte Contemporáneo, y los concursos Figurativas’15, BBVA-Ricard Camí 2015, Modportrait 2014 y Centelles 2013. Desde 2016 expone regularmente en la Galería Subex de Barcelona.

Paralelamente a su actividad visual-plástica, ha participado en diversas publicaciones. Sus reflexiones sobre estética e historia del arte están recogidas en el libro Más allá de la fast-image (Editorial académica española 2018), con textos e imágenes de Miquel Pescador, y en su participación en el libro Imatges de l’escola, imatge de l’educació (Universitat de les Illes Balears 2014).

También ha colaborado con el escritor Javier Pérez Escohotado con les imágenes para el libro ilustrado La vigilancia de los acantos (Acanto ediciones 2017) y con Blanca Canonge ilustrando el cuento El camí de plata (2015). Ha dinamizado con diversos talleres y conferencies estas colaboraciones.

Su actividad docente se desarrolla en el Bachillerato desde 2006 y en el Bachillerato artístico desde 2015 en las materias de Dibujo artístico y técnico e Historia del arte en l’Escola Garbí Pere Vergés. También colabora en el Curso Asesor en Imagen y Comunicación de la Escuela de Postgrado de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) coordinado por la periodista Laura Solé.

Miquel Pescador crea sus imágenes mediante el dibujo y la pintura, a menudo en series de imágenes que giran alrededor de un tema-idea. Su proceso de trabajo se basa en las relaciones entre dos elementos: por una parte el ser humano como tema y por otra, la construcción de la imagen pictórica en sí como medio de reflexión-expresión.

El tema dominante es la voluntad de acercamiento a aprehender la complejidad del ser humano. Le fascina cómo el cuerpo humano se manifiesta siempre en una unidad armoniosa y compleja fruto de su lógica anatómica y que intuye como reflejo de la totalidad contradictoria de la persona en constante tensión entre la consciencia y el automatismo biológico de los instintos y de las emociones.

Todo y no ser el único centro de interés de su trabajo, hasta ahora, del amplio espectro de relaciones humanas, su mirada se ha focalizado principalmente en el ámbito de la sensualidad-sexualidad (Eros). Louise Bourgeois ya nos mostró cómo de profunda e inconsciente es la influencia de este impulso primario en la construcción de la propia identidad.

Dentro de este ámbito, adquiere importancia el entorno físico urbano e industrializado en que se desarrollan nuestras vidas. Forma parte de cómo formamos esta identidad. Miquel Pescador siente especialmente la agresividad como en estos entornos se nos hacen omnipresentes las imágenes de la publicidad, de los medios de comunicación y de las redes sociales. Bajo la inocente apariencia de bienes de consumo, estas imágenes tienen alusiones sexuales directas, de manera sutil, explícita o ambigua. Y estimulan nuestro deseo sexual mucho más de lo que era usual en la vida en un mundo pretecnológico. En resumen, devienen un potente elemento desencadenador de reacciones instintivas y emocionales automáticas delante de las cuales pretendemos, en vano,  poner un filtro a modo de freno racional mediante la etiqueta “marketing”.

Sumando estos dos temas, sensualidad-sexualidad y omnipresencia de imágenes publicitarias sexualizadas, surge un proceso de trabajo basado en la descontextualización y en la transformación de fragmentos de estas imágenes o de la misma realidad. Es un intento de sublimarlas mediante un lenguaje poético para llegar a hacer visible algo significativo que de alguna manera nos ayude a ser conscientes de lo que sentimos, de su importancia y de cómo lo gestionamos.

En este proceso, que requiere un tiempo reposado de reflexión, necesita eliminar los excesos del ruido visual del mundo contemporáneo construyendo escenarios que favorezcan el silencio y la contemplación.

El otro elemento importante en la obra de Miquel Pescador es el profundo interés que siente en la manera como, mediante la articulación del lenguaje visual, comienza el proceso de construir y de hacer visibles las ideas. Entiende la construcción de la imagen pictórica como proceso de pensamiento en sí que, como la escritura, genera su propio encadenamiento de intuiciones y de ideas. Es decir, genera pensamiento. No es, por tanto, exclusivamente un proceso lineal unidireccional en que una idea mira de hacerse visible sino que el propio proceso de “formalizar” contribuye de manera decisiva a desvelar ideas y pensamientos que desconocía y a ser consciente para poder comunicárselos a sí mismo y a otras personas.

Coherentemente con esta concepción, en lugar de buscar un único resultado, a modo de conclusión única y cerrada, el proceso creativo adopta múltiples formalizaciones alrededor de un núcleo temático de reflexión. El impulso reflexivo-expresivo crece con nuevos matices y posibilidades mediante la utilización de diversos materiales y técnicas, así como de la exploración de las variaciones en los encuadres y de las combinaciones de elementos formales.

Progresivamente, fruto de este proceso de interiorización-abstracción, renuncia al trabajo del detalle de la superficie de los cuerpos para aproximarse a su esencia. Y lo hace en la forma de palabras como mancha, silueta, piel y territorio.

La silueta plana es entendida como “resumen” de la presencia orgánica del cuerpo en el espacio. Encuentra bastantes afinidades en equiparar el peso visual de la silueta en el plano pictórico al impacto del volumen en el entorno del espacio tridimensional.

La silueta, por definición, pierde la tercera dimensión. Es en la mente del espectador que se reconstruye gracias al reconocimiento del cuerpo en movimiento que hace a partir de la información de la estructura anatómica que intuye. En este punto, Miquel Pescador tensa la composición plana hacia la percepción de la vitalidad orgánica del cuerpo insinuando un leve claroscuro que ayude a este reconocimiento pero sin perder nunca su planeidad.

De esta manera, el cuerpo se desmaterializa para volver a hacerse corpóreo en otro espacio a través de la fluidez de la materia pictórica sobre el soporte. La pintura crea una mancha que deviene silueta y piel a la vez. Piel no como ilusión óptica de la piel humana bajo una iluminación concreta sino una piel producida sin artificios por la naturaleza de los pigmentos, aglutinantes y soportes que intervienen en la obra. Una piel con textura y colores propios.

Al final, el cuerpo, que se ha convertido en mancha-silueta y en piel, deviene territorio de conocimiento durante la contemplación de la imagen.

 

En la articulación de la imagen como lenguaje, el juego compositivo y sus inmensas posibilidades rítmicas  tienen un papel fundamental. Utilizan las formas-silueta creando un universo visual lleno de interacciones y en el cual la ambigüedad entre las figuras y el fondo deviene un núcleo esencial de la expresión. Mediante fragmentaciones, superposiciones y yuxtaposiciones, hay un destacado interés por otorgar, tanto a los fondos como a las siluetas, pesos visuales de igual importancia en la imagen. Se establece así una especie de tectónica de placas pictóricas muy expresiva y que sintetiza de alguna manera la complejidad dinámica de nuestra experiencia vital.
 

© Miquel Pescador